domingo, 2 de noviembre de 2008

Verde democracia, verde monarquía

La democracia puede madurar, pero la monarquía no. La monarquía ha alcanzado su nivel de incompetencia: no puede, a estas alturas de la historia, madurar. Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 1-11-2008 
  Desde su probada inmadurez lo único que puede ocurrirle es que se pudra...     Es lo normal. Treinta años apenas de experimento de la monarquía y de la democracia españolas son muy pocos para acomodarse fácilmente un pueblo a la opción psicológica e ideológica que el pueblo consintió en mucha mayor medida que aprobó, asustado por lo que se le podría venir encima si no se resignaba a su suerte… Desde luego, treinta años al lado de los siglos que la monarquía lleva en el Reino Unido (la Carta Magna data nada menos que de 1213) y de los más de dos siglos que, por el contrario, ha trabajado Francia para escapar a la tontuna anacrónica de la monarquía, son poquísimos años para no fracasar en el ensayo. Y el tiempo no da más de sí...   En España está cada vez más claro que esta monarquía, empalmada con la anterior, postiza y amañada, carece de futuro. Eso es lo que pasa. El revuelo -más bien provocación- levantado por la reina, no hay por dónde cogerlo. Casi todos titubean. Y el partido que más debiera denunciarlo para aprovechar la coyuntura proponiendo la re­forma constitucional que condujera a la República, ahora resulta que es el paladín o el es­cudero de la consorte de un monarca que ordena callar a jefes de Estado porque cree que está en el siglo XVI.   Las declaraciones y el comunicado nefasto de la Casa Real sancionan el derecho bastardo de una reina extranjera a excluir a millones de españoles de su consideración. Eso es más que un desliz o un error. Los monarcas y sus allegados no cometen errores: disparatan. Y esas públicas declaraciones son un disparate, como lo es todo lo no conforme a la naturaleza y lo forzado; todo lo impuesto, como las dictaduras, y todo lo inestable, como las componendas. Y disparate, forzada, inestable es esta monarquía. Los disparates que salen de ella equivalen a inmadurez. Lo sucedido es producto de lo verde que está aquí la realeza; producto también, de lo verde que están el partido filosocialista en el gobierno y el partido neoliberal en la oposición. Todo chapuzas; todo imprevisión, todo impro­visación. Todos los promonárquicos y los consentidores de la monarquía están sobrepasados.     Pese a que soy ultracrítico con la prensa, los medios y los periodistas, en este caso la única que se salva de la estupidez colectiva es la periodista Urbano, del Opus Dei. Se ve palpablemente que la andadura y experiencia de "la Obra" están muy por encima en crite­rio, de la insegura Casa Real. Una Casa tócamerroque donde es clara la escasa unión y el campar cada cual por sus respetos. Para colmo, el "entorno" de la Zarzuela que ha emitido el comunicado para salir al paso de las críticas pagando su fastidio con la perio­dista, es otro ente que campa por los suyos sin comprender el alcance de su torpeza.   De todos modos los republicanos estamos de fiesta. Nunca, desde las desmesuras de los reyes inconstitucionales y aun de los constitucionales, en este país y fuera de él, han cometido en poco tiempo tantos errores de imagen y prestigio como los cometidos por el rey, las hijas, el hijo, sus respectivas parejas y la consorte ahora.    Delenda est monarquia es lo que pide a gritos el sentido social y el sentido común. La libertad de comportamientos que se arrogan los personajes de la casta real y la libertad de expresión que practican son, por su propia naturaleza, incompatibles con el ejercicio tradicional de la monarquía. Porque no hay monarquías viejas y modernas, como no hay religiones monoteístas antiguas y religiones de última generación. Hay monarquías impuestas por la fuerza, como la que impera y soportamos en este país, y monarquías que se arrastran indigna y prostituyentemente para que viva una familia a cuerpo de rey con el consentimiento y la bendición de un parlamento. Es lo superfluo de la monarquía española que ni siquiera se ajusta al savoire faire, lo que, por encima de cualquier análisis, acaba de exhibir la Casa Real y el obsecuente gobierno que la respalda contradiciendo a su ideario republicano.   Total, los políticos están anestesiados y la monarquía moribunda... ¡Viva la República!

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